El efecto Batabasta

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Clara Arnús y Leticia Cano han convertido sus estampados no solo en irónico objeto de deseo, también en el envoltorio más ‘cool’ de la hostelería.

El día que nació Batabasta, a finales de 2012, Clara Arnús y Leticia Cano tenían muy claro que su marca no sería una simple etiqueta en una camisa, sino al revés: la camisa sería su tarjetade presentación, su primer redoble de tambores. Y lo primero que hicieron fue eso, camisas. Un patrón sencillo con diferentes estampados a cual más impactante, a cual más Batabasta.

Meses después, la firma ya se había convertido en un secreto a voces en los oráculos de la modernidad y damos fe de ello: cuando alguien aparecía en un sarao con una de sus camisas, se sucedían los codazos y los susurros de “quiero una ya”. Ellas, mientras, clavaban los cimientos de su proyecto a muchos kilómetros de aquí, en Shanghái. Pero no solo sentadas en su oficina-taller. Su trayectoria en el sector de la comunicación de moda les había hecho aprender una de las lecciones básicas: los grandes negocios se cierran en los bares, no en los despachos. Y tal cual: los locales más pimpantes de la megaciudad china, como Lola, templo de la música electrónica, o los restaurantes del mediático chef Willy Trullás, comenzaron a uniformarse de Batabasta, un éxito que rebotó también en EE UU de la mano de Chopt Creative Salad Company.

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El chef Álvaro Ramos posa con camisa de cerezas de Batabasta en Tomatito, uno de los bares de tapeo de moda en Shanghái. Los uniformes blancos con lunares rojos del personal también son obra de las diseñadoras. Print Veggies Cannonball by Batabasta para Chopt Creative Salad Company (EE UU).

Pero faltaba poner la pica no en Flandes –no de momento–, sino en España. Por eso, Leticia explica que “hace año y medio decidimos volver, sobre todo por el proyecto del hotel Casa Bonay de Barcelona. Inés Miró- Sans, una de sus creadoras, había estado meses antes en la presentación de nuestra marca en las oficinas de Pelonio y nos dijo que quería trabajar con nosotras”. Dicho y hecho: el hotel, ya una realidad, destila ese universo Batabasta que va más allá de un estampado poderoso, también reflejado en la restauración, capitaneada por Estanis Carenzo (Sudestada, Bestiario Group) y el restaurante Elephant, Crocodile, Monkey.

Uniformado ya uno de los conceptos gastronómicos más esperados de la temporada en Barcelona, tocaba mover la falda de sus hawaianas y sacar a flote a sus nadadores enMadrid. Ahí es donde aparece El Paracaidista (Calle de la Palma, 10), el edificio de Malasaña del que todo el mundo habla esta primavera. Allí es donde tuvimos el privilegio de charlar en primicia con Leticia y Juan Fraile, socio creador de este multiespacio que alberga, entre otras sorpresas, una impresionante sala de cine, una planta dedicada a moda e interiorismo enfocada como showroom de firmas nicho con venta virtual–, una coctelería inspirada en la Cuba de los años 40 y Parq, un restaurante a ras de cielo. El efecto Batabasta aparece aquí en papeles pintados que adornan las paredes (y que cualquiera puede comprar) y en el laboratorio creativo con el que siguen dándole ritmo a la expansión de la marca. De momento han logrado lo más importante, “que la gente entienda nuestro concepto, más ahora que la globalización de la moda ha perdido atractivo y el consumidor quiere diferenciarse del resto, verse especial y único”. El efecto Batabasta, eso es.

©Batabasta

1. El efecto Batabasta

Print Hawaii by Batabasta que empapela El Paracaidista (Madrid) y también está a la venta.

2. El efecto Batabasta

El Paracaidista es el espacio de la temporada en Madrid, un edificio en el corazón de Malasaña con sala de cine, restaurante, coctelería cubana, azotea y exclusivas tiendas de moda y decoración. Aquí, Batabasta está por (casi) todas partes. Verás sus papeles estampados en el restaurante Parq (arriba, su print original One Love by Batabasta), en lugares menos visibles a priori como los baños y en su corner de experimentación y venta.

3. El efecto Batabasta

Detalle del print original Tutti Frutti, utilizado en el hotel Casa Bonay de Barcelona y en su restaurante, Elephant, Crocodile, Monkey.

4. El efecto Batabasta

5. El efecto Batabasta

Pescados, animales marinos, mucha agua y nadadoras Synchro (print de la izq.). El universo estético de Leticia Cano y Clara Arnús está repleto de guiños a la naturaleza, oceánica y vegetal. Sobre estas líneas, de nuevo Álvaro Ramos, quien formó parte de Tomatito. Se trata de uno de los restaurantes en Shanghái del mediático cocinero español Willy Trullás, propietario también de Elefante y El Willy, todos con el sello Batabasta.