No hay olla sin ningún garbanzo negro

Otra semana más y otro refrán a la cazuela para cocinarlo a fuego lento, saborearlo y sacar toda sus sustancia cuando lo tengamos en el paladar. ¿El de esta semana? Un guiño a los castizos guisos y una enseñanza de manual.

No hay olla sin ningún garbanzo negro. Esto podrían decirlo todas las abuelas del mundo que hayan hecho más de un potaje en su larga vida entre fogones. Nuestras abuelas, y quienes hayan tenido que volver a mirar el palto porque efectivamente eso que hay en tu ración es un garbanzo negro.

Unos dicen que trae buena suerte encontrarse con un ejemplar de este tipo y otros confirman la negatividad que esta casualidad genera, pero no estamos aquí para discutir esta cuestión supersticiosa sino para explicar el significado de este proverbio español.

Es casualidad, dejando a un lado la buena o mala suerte, que teniendo en cuanta la proporción escasa de garbanzos negros, tenga que tocarnos en nuestro puchero. Un refrán que, por tanto, hace referencia a la cantidad. O lo que es lo mismo, a todas esas casas donde los guisos con garbanzos estén a la orden del día, de tal forma que debido a la cantidad de ollas con garbanzos que se preparan, es imposible que no haya una que no contenga un garbanzo negro.

Pero su significado, como el de todos los dichos, traspasa las puertas de la cocina y llega a la vida diaria.

Y es que popularmente este proverbio iba dirigido a las familias numerosas en las que siempre había hijo dando problemas. Si no era uno, era el otro. De ahí que la gente pronunciara eso de no hay olla sin ningún garbanzo negro: no hay familia numerosa que no tenga su garbanzo negro.

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