Enemigos íntimos: dale blando, dale duro

David Moralejo y Paula Movil

Nunca dos enemigos se llevaron tan bien. No les queda otra: siempre tienen que compartir mesa y aprovechar la Navidad, su fugaz momento de gloria. Hablamos de los turrones de Xixona, el mando… y el duro.

PEGADO A TI

Aquella canción de Los Planetas, aunque no daba más turrón que el esperable en una buena distorsión de guitarra, lo decía muy claro: “¿Qué puedes esperar de mí / si solo puedo estar pegado a ti?”. Con el turrón blando, hecho a base de masa molida de miel, azúcar, clara de huevo y almendras marcona, pasa que no esperas más que echar un buen rato dándole vueltas a esa textura pastosa, dulzona y tan navideña, tan entrañable como ver peligrar los empastes de la abuela en (su) pleno éxtasis turronero. Frente a la variante dura, conocida como turrón de Alicante, el turrón de Xixona –donde se tiene constancia histórica de su elaboración y consumo desde el siglo XVI– no emplea tantas almendras, y la mezcla resultante pasa por una segunda cocción en los típicos ‘boixets’, unos calderos en los que se va moviendo todo (ese giro perfecto llamado ‘boix’) hasta alcanzar una textura homógenea que se deja enfriar en moldes antes de envasar. Un aviso: cuidado con dejarlo cerca del duro en el plato… porque se pegan.

EL CRUNCH MÁS NAVIDEÑO

Echando la vista atrás, vemos que el turrón ha servido tanto como barrita energética para los competidores olímpicos de la antigua Grecia como para alimentar a ejércitos árabes gracias a sus propiedades nutritivas y facilidad a la hora de ser transportado sin sufrir alteraciones. Y sí, también ha servido para recibir a ese hijo predilecto con los brazos abiertos el día de Navidad. Menudo alimento más polifacético… Elaborado con almendras, miel, azúcar, clara de huevo y pan de ángel, el ‘turró’, ‘terró’ o ‘torró’ vio su origen en nuestro Mediterráneo –en versión “dura” o “de Alicante”– en Xixona. A partir de ahí la cosa evolucionó y tomó forma con avellanas para dar vida a la D.O. de Agramunt, la misma que a día de hoy hasta lo cubre de chocolate y polvo de oro. En la mesa siempre se acompaña de su hermano el ‘blando’ para ponerte entre la espada y la pared: o sea, embarcarse en una eterna lucha entre pegarse en lengua y encías o dejarte los dientes en cada mordisco. Si te va lo fuerte, ya sabes: dale crunch, dale punch, dale duro.

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