Ellas son las que pintan en la mesa

Gabriela y Gadea Cañedo son primas pero, más allá de la genética, les une su pasión por lo que hacen en G de C: platos pintados a mano tan únicos… como ellas.

Las casualidades de la vida hicieron que, hace tres años, Gabriela y Gadea Cañedo comenzasen el proyecto que se convertiría en uno de las mejores exponentes del boom de las vajillas pintadas a mano en España. Pero, para ello, el destino tuvo que jugar un poco sus cartas con el fin de que parasen quietas en el mismo lugar. Vale que están conectadas por el mismo apellido (son primas), pero el hecho de que Gabriela pasase siete años en Chile y Gadea estuviese recorriendo México no ayudó a ponerlas manos a la obra. Aunque todo era cuestión de tiempo, porque, a la vuelta de sus aventuras por el mundo, la sinergia de talentos tuvo lugar después de unas cuantas clases de pintura de porcelana y cristal.

Así, lo que parecía ser solo un hobby para una interiorista y una historiadora del arte, se transformó en el gancho que las llevó a recibir una invitación para formar parte de la Feria de Jardines de Campo, una cita rural dedicada a los productos orgánicos y artesanales celebrada en la finca Montenuevo en Madrid, propiedad del ex-directivo de los supermercados Continente, Felipe Díaz de Bustamente. Allí no solo coincidieron con Blanca Entrecanales, de Dehesa el Milagro (cuya historia alrededor de los productos ecológicos ya publicamos en el número 13 de Tapas), sino que también sellaron la fecha de nacimiento de lo que hoy es G de C, la firma con la que hicieron oficial su vocación por la creación de piezas únicas –por encargo– y pintadas a mano en materiales como la porcelana, la cerámica y el cristal; siempre diseñadas con el propósito de vestir una mesa con elegancia y diseño únicos.

A la hora de buscar inspiración para sus piezas, Gabriela y Gadea huyen de las colecciones y las tendencias y encuentran la satisfacción creativa haciendo realidad los caprichos de sus clientes, que van desde plasmar unas iniciales en un plato de café o en una fuente de ensalada hasta reinterpretar la cara de una mascota en un cuenco para postre. Sea cual sea la petición, ellas encuentran la forma de cumplir con el encargo con coloridos trazos que hacen que la mesa cobre vida. “La verdad es que no teníamos planteado dedicarnos a esto, pero no tenemos ni una queja, fue una mera casualidad que hasta el momento ha funcionado de maravilla”, comenta con una gran sonrisa Gabriela en su estudio situado en el barrio de Salamanca, el mismo en el que ‘cocinan’ cada una de sus piezas a 800 grados centígrados después de varias capas de pigmentos y que muy recientemente han decorado con motivos africanos, tucanes –encargo especial para un coleccionista– hojas, libélulas, papagayos, calaveras… “Aunque a nosotras lo que más nos gusta es todo aquello relacionado con la naturaleza”, concluye Gadea mientras se prepara para posar junto a Gabriela, ambas resguardadas por los efectos de luz y sencillez naif que emanan algunos de sus últimos encargos y que, si se ven así de bien en el suelo… imaginad las maravillas que pueden hacer puestos sobre la mesa (www.gdec.es).

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