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Disyuntivas mañaneras: Croissant vs. Tostada

David Moralejo y Paula Móvil

Posiblemente sea la frase más repetida en los bares a la hora del desayuno: ¿croissant a la plancha o tostada? Aunque la barrita de pan con tomate intente hacerles sombra, el reinado de estos dos clásicos es imbatible.

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Croissant

En realidad deberíamos haber escrito ‘cruasán’, adaptación fonética permitida por la RAE que tiene un noséqué castizo entrañable. Según muchos franceses casi mejor así, porque, en parámetros de calidad, el verdadero ‘croissant’ suele estar a kilómetros de distancia del ‘cruasán’ con el que el español medio desayuna cada mañana. Da igual: parece que lo industrial funciona cuando el refrán “a buen hambre no hay pan duro” deriva en hacer tuyo un cuerno apisonado por la plancha para, acto seguido, empaparlo de mantequilla barata y mermelada de melocotón. Tan exitoso chute de energía dulzona armoniza perfecto con el café embetunado (en vaso, por favor) y ese zumo procedente de naranjas que giran agonizantes en el exprimidor. Otra cosa es que busquemos un ‘croissant’. Entonces, probemos los de Pomme Sucre y Moulin Chocolat en Madrid, los del hotel Landa en Burgos, los de Hoffman y Escribá en Barcelona… o casi cualquiera en París. Contra cualquiera de ellos qué tostada no asumiría el KO.

 

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Tostada

La ley de Murphy dice que siempre caen del lado de la mantequilla. Nunca falla. ¿Y qué más da? Porque, si nos basamos en la regla de los cinco segundos (¿o eran tres?)… lo que no mata, engorda. Y vaya si engorda -aunque probablemente no tanto como nuestro contricante mantequilloso- cuando lo embarramos todos los días con mermeladas de ‘frutas’ que brillan por su ausencia. Están a nuestra disposición tras un sencillo golpe de botón para llegar al ‘crunch’ e incluso son ya parte del equipo de la “masa madre”. También es verdad que no hay mañana que no se quemen y el tostador se inunde de migas imposibles de alcanzar. Aunque nada que un ‘rasca y gana’ no pueda arreglar. Si se enfría, la cosa no mejora, pero caliente hace maravillas. Aun así, en el extranjero se quedan boquiabiertos con nuestro ‘desayuno continental’ en el que la proteína se echa en falta y el azúcar hace de las suyas. ¿Es que no saben que esto significa que podremos tomarnos un descanso del trabajo a media mañana y desayunar (otra vez) como Dios manda? Ilusos.

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