(Archival Classic Cinema - Elvis Presley Retrospective) Elvis Presley with Priscilla on their wedding day, May 1, 1967, at the Aladdin Hotel in Las Vegas, Nevada. - ARCHIVES  |

Apretamientos en el estómago

| 6 May 2015

Quiero que escribas en Tapas un blog sobre bodas y lifestyle, me dijo hace un par de meses mi jefe David Moralejo. Iba a decir mi amigo pero, qué narices, decir jefe me da ese gustito de las primeras veces, de la novedad, igual que decir marido cuando te acababas de casar. Ser freelance y espíritu libre desde los 25 años te despoja de palabras que a ratos, solo a ratos, emociona recordar. Jefe, jefe, jefe.

David es un tipo cool, un caballero, un entendido de la buena vida, un periodista estupendo y un escritor de palabras perfectas, como defino a la gente a la que me gusta leer. Y como nos conocimos montando en burro, creo que él pensó que yo también molaba.

La verdad de la vida es otra. Yo no soy periodista, mucho menos escritora, mucho menos escritora de palabras perfectas. Pero me gusta contar historias. De las que sé cómo empiezan pero no cómo acaban. Como tengo poco tiempo y sufro de pereza bloguera, a veces exprimo hasta los últimos caracteres de los textos de Instagram. Soy cuentista de alegrías y de momentos felices, de muchas tonterías y alguna cosa seria.

No sé nada de vinos, ni de vermús, ni de ginebras de moda. Pero soy forofa del Ribeiro y del tequila. En chupito y en margarita, mejor de tres en tres, mejor con mis amigos.

No sé nada de gastronomía, y confieso que muchas veces elijo restaurantes más por la decoración y el ambiente que por la comida. Pero me encanta la sopa. He comido sopa en una veintena de países del mundo. Si hay sopa, voy.

De cocinar no merece la pena ni hablar. Muchas noches ceno leche con cereales delante del ordenador. Mi madre dice que, como soy zurda, no sé pelar patatas. En mi casa ser zurdo (y ser yo) es una incapacidad permanente que te exime de una enorme cantidad de tareas domésticas. Siempre me ha parecido justo.

Pero sobre todo, sobre todo, no soy cool. Admiro a la gente que consigue estar siempre a la última, porque para mí y mi memoria a corto plazo es una tarea inabarcable. El último bar de moda, el grupo del que todos hablan, ese fotógrafo que despunta. No me entero. Pero ey, soy buena, muy buena, buscando y encontrando.

Y sé mucho de bodas.

Las organizadoras de eventos zurdas somos niñas de recursos, así que tengo un plan. Mi jefe no lo sabe pero, pese a sus directrices, tengo intención de hablar de lo primero que se me ocurra. Porque cualquier tema del mundo lo puedo relacionar con las bodas en un aleteo de pestañas.

Un viaje (hola, luna de miel), un restaurante (¿ya sabes dónde va a ser tu pedida?), un sofá o un bolso (para esto siempre están las listas de boda), y hasta la última tendencia en sentadillas, porque a lo mejor, solo a lo mejor, quieres llegar en forma al sí, quiero.

En fin, que ni escritora, ni gastrosabia, ni moderna. Un blog cero cool dentro de una revista muy cool y muy ñam ñam. Pese a todo, le dije que sí.

Un plan emocionante. Emocionante de nervios, sonrisa de boba y apretamientos en el estómago, emocionante como solo lo pueden ser las grandes aventuras y los nuevos comienzos. Emocionante en paralelo, junto y revuelto, a otro momento emocionante, el de ser mamá. Mamá del corazón. Dos aventuras que empiezan juntas, como el señor que planta un árbol cuando nace su hijo. Yo empiezo un nuevo blog, y además, ojo, me he comprado un ficus por sobreexposición de Pinterest.

Así que en estas estamos. Pasar de cero a familia numerosa, tener dos blogs, una perra Jimena, un marido de paciencia infinita, muchas novias con sus muchas madres… y un ficus.

Aprender voy a aprender yo más de vosotros, así que espero que, por lo menos, os lo paséis bien.

Mil gracias Rodrigo y Andrés por hacerme un huequito en vuestra revista. Estoy emocionada. Y gracias, David. Sin saberlo, has completado el viaje más importante de mi vida.